martes 4 de enero de 2011
Tsuki no Maboroshi @ 14:04
Reencuentros
- ¡Okasan! ¡Mira! ¡Mira!- llamó una niña a una mujer que se dirigía hacia ella junto con un hombre. Los padres de la niña.
El hombre era alto, muy alto. Puede que algo más de un metro noventa. Tenía el pelo negro como la noche, recogido en una cola alta, la piel morena, curtida por el sol y los ojos gris humo. Llevaba perilla y hacia guiños con los ojos, como si hubiese pasado mucho tiempo al sol. Llevaba una yukata marrón y verde oscuro y una katana a la cintura. La mujer que caminaba junto a él parecía todo lo puesto a aquel hombre. No era demasiado alta, tal vez poco más del metro sesenta y cinco. Tenía una larga melena de un color castaño claro que contractaba enormemente con sus ojos color violeta. Su piel era clara, parecida al color de la leche. Llevaba una yukata color miel y una estola de color crema sobre los hombros. La niña no aparentaba más de cinco años. Había heredado los ojos de su madre y pelo de su padre, pero, al contrario que ellos, la niña lo llevaba corto. La yukata que llevaba la niña era de un tono rosa pastel decorado con flores de cerezos de un tono de rosa más oscuro. Llevaba también un obi de color verde claro. Esas ropas solían ser algo más cara de lo que esa familia compraría en circunstancias normales, pero consideraban justo gastar ese dinero en una yukata algo más elegante para el cumpleaños de su hija.
La niña no esperó a que sus padres la alcanzase y se metió entre los arbusto que había junto al camino, lo que hizo que los padres aligerasen el paso.
- ¡Juri! ¡No te alejes del camino!
Al llegar al borde del camino, no vieron a su hija por ninguna parte. Preocupado, el padre estuvo a punto de introducirse en la maleza a buscarla, pero se detuvo al ver de uno de los arbustos salir un conejo y, acto seguido, a su hija, la cual lo llevaba en brazos.
- Mira otosan. Un conejito.- dijo sonriendo mientras le enseñaba a su padre un conejo blanco que acababa de atrapar.
- Es muy bonito, pero no deberías alejarte del camino.- dijo revolviéndole el pelo.
- Pero… mira otosan.- le dijo enseñándole el conejo y entonces se percató de que tenía una para herida.- Si no se le cura la pata, algún animal podría cazarlo fácilmente durante el invierno.
- Entonces, que te parece si nos lo llevamos a casa y le curamos allí.- le dijo su madre.
La niña sonrió encantada mientras alzaba al conejito y daba vueltas sobre sí misma.
- ¿Has oído Shiro-chan?- dijo la sonriendo.- Te vas a quedar en casa.
- ¿Shiro?- preguntó el padre extrañado a la niña.
- Es blanco, ¿no?- dijo la niña como si fuera lo más natural del mundo.
Tanto la madre y el padre sonrieron sin entender y la niña se limitó a mirarles perpleja, sin entender que les hacía tanta gracia. Mientras se reían, el conejito se le escapó de entre las manos a la niña y salió corriendo. Como si hubiese visto a un zorro relamiéndose ante su próximo banquete.
- ¡¡Espera Shiro-chan!!- gritó la niña girándose hacia el conejo que huía a toda velocidad.
- Tranquila Juri, ya volverá.
La voz que sonó tras ella no era la de su padre, ni tampoco la de su madre… ni ella era una niña. Al girarse vio que sus padres estaban en el suelo, cubiertos de sangres, muertos. Frente a ella un hombre casi tan alto como su padre. Vestía el clásico uniforme de shinigami y llevaba en el brazo la insignia de la quita división. El reflejo de las gafas le dificultó verle los ojos, aunque no necesitó verlos con claridad para notar la frialdad con la que estos le miraban. Tenía el pelo corto, de color castaño y algo desordenado… y su espada aun estaba cubierta por la sangre de sus padres.
- Ahora ven conmigo, Juri.
Desperté sobresaltada, con dolor en las costillas. Al mirar a mí alrededor vi a varios subcapitanes inconscientes, incluido Shuuhei, el cual estaba siendo atendido en ese momento por Kira. Cuando alcé la vista, lo primero que vi fue al capitán Kyoraku y al capitán Ukitake luchando contra un espada que llevaba algo parecido a un par de pistolas. Me incorporé con cierta dificultad, sujetándome las costillas.
- No deberías esforzarte, Tsukihime-san.- me dijo el subcapitán Kira.- Aun no estás del todo recuperada.
- Estoy bien.- le dije, aunque, obviamente, no era del todo cierto.- Además, no es tiempo para estar descansando.
- Lo sé, pero…
Ambos volvimos la vista hacia el cielo y vimos como un una garganta se abría y de ella salía un niño. Lo reconocí nada más verlo y, en cierta manera, no entendí su presencia, pues cuando Matsumoto y yo le plantamos cara, se había mostrado totalmente inofensivo. Pero lo que realmente me impresionó y, a la vez, me paralizó, fue aquel gigantesco Hollow que apareció tras él.
- Ese ojo…- dijo de repente el capitán Komamura que estaba con nosotros.- ¿¡Es esa cosa que estaba detrás aquella vez!?
- Se refiere a cuando Aizen y los otros huyeron al…
No terminé la frase. Aunque a penas alcancé a ver como paso, lo siguiente que supe es que aquel arrancar de aspecto inocente no lo era tanto si en apenas un segundo había atravesado con su puño al capitán Ukitake.
Me incorporé en un acto reflejó para correr hacia él, pero el dolor en las costillas me impidió moverme. No es que el dolor fuera fuerte, pero sí que resultaba bastante molesto.
El capitán Kyoraku cayó también tras el ataque del espada al que se enfrentaba y los otros dos espadas que habían sido aparentemente derrotados, reaparecieron ilesos tras el grito de aquel espada de aspecto de niño.
- ¡Capitán Komamura! No es necesario que permanezca aquí.- le dijo Kira.- Debería ir…
Me volví hacia él y, pude ver que, aunque intentaba mantener una expresión neutra, no lo conseguía en absoluto, parecía más bien desesperado y asustado y estaba segura de que el capitán Komamura también lo había notado.
- ¡¡Por favor, vaya!!- gritó finalmente.- Se que solo quiere protegernos… pero si somos los únicos que sobrevivimos, si los demás son aniquilados, entonces ¿de qué sirve? ¡Vaya, capitán Komamura!
Justo entonces, aquel gigantesco y monstruoso hollow lanzó una ráfaga de aire que acabó por apagar los fuegos que rodeaban a los tres capitanes renegados. Retrocedí casi en un acto reflejo mientras Kira intentaba controlar a duras penas los temblores que le producía el miedo. Obviamente, aquello no tenía buena pinta para nada.
- ¡Se acabó!- gritó Kira.- ¡Es nuestro fin!
- No tan deprisa.
Volví la vista hacia el grupo de personas que acababa de aparecer. Todos ellos vestían ropas habituales del mundo humano y se veían distintos a hace unos cien años, aun así, reconocía todas las caras y, una entre ellas, llegó a sobrecogerme. Después de tantos años, ya casi le daba por muerto.
- Cuanto tiempo sin vernos, Aizen.
- … Shinji-niisan.
Fue solo un murmulló, pero logró atraer la atención del subcapitán Kira y del capitán Komamura.
- ¿Les conoces?- me preguntó el capitán Komamura.
- A la mayoría, sobretodo de vista.- admití.- Pertenecían al Gotei 13, pero hace ya más de cien años de aquello. Yo… llegué a pensar que habían muerto.
- Ese hombre… Lo conozco.
Todos nos volvimos hacia Shuuhei, el cual intentaba incorporarse con cierta dificultad. Parecía encontrarse tan mal como yo.
- Hace cien años…- dijo sin apartar la mirada del grupo.- Yo aun era un crio, cuando me salvó de hollow.
Nadie comentó nada, más que nada porque nuestra atención se vio dirigida momentáneamente hacia aquel arrancar con aspecto de niño. Fue algo escalofriante cuando gritó con más fuerza de la que creía posible para alguien de su tamaño. Entonces, aquel monstruoso hollow que estaba tras él, se hinchó por un momento como si cogiera aire, y luego, por una abertura a mitad de su cuerpo, escupió toda una manada de hollows. Cientos de Miles de gillians. Demasiados para los pocos que estábamos allí… pero suficiente para los recién llegados.
De repente, todos se llevaron la mano a la cara y, al apartarlas, todos llevaban máscara como las que suelen llevar los hollows. Entonces comprendí que fue lo que paso hace cien años. Cuando dijeron que se habían convertido en algo parecido a hollows se referían a esto: Son vizards.
Solo un par de minutos fue suficiente para que acabasen con todos los gillians y que todos nos quedásemos sorprendido ante la actuación de estos inesperados aliados. Eran fuertes. Muy fuertes.
Aquello me hizo sonreír. Tal vez aun tuviésemos la posibilidad de derrotar a Aizen.
Volví la vista hacia Shinji. Estaba frente a Aizen, a poca distancia. Un golpe a esa distancia era imposible de fallar pero…
Pero hablábamos de Aizen. Con Aizen siempre había un pero y, en esta ocasión tenía nombre propio.
Di gracias al cielo de ser una de las personas mejor dotadas en shunpo de toda la Sociedad de Almas, ya que, ignorando la molestia de las costillas, logré llegar a tiempo para apartar a Shinji de la espada de Tosen, aunque se hizo un rasguño sobre la ceja izquierda que parecía más grave de lo que era porque sangraba mucho.
No esperaba que me lo agradeciese, la verdad, pero tampoco imaginé que me fuera diese un capón como si fuese una madre regañando a su hijo pequeño por hacer una travesura.
- ¿¡Qué demonios te crees que haces!?- me gritó enfadado mientras yo me llevaba las manos a la cabeza, frotándome en la zona donde me había dado.
- ¡Salvarte el culo, por si no lo notas!- le grité con cierto tono de reproche.
Chaqueó la lengua y decidió ignorarme y volver la vista hacia Tosen.
- Idiota ¿Para qué me golpeas?- le dijo a Tosen con una sonrisa irónica.
- Planeaba abrirte de arriba abajo el ojo izquierdo.- dijo Tosen con seriedad.- Haberte dado hubiese traído justicia. No anticipe la presencia de Tsukihime.
- ¿Tsukihime?- exclamó sorprendido Shinji volviéndose hacia mí.
- Pero eso no importa, ya que su presencia no me detendrá.
Desenvainé a Kitsunebi, dispuesta a interceptar su ataque, pero alguien se me adelantó.
El capitán Komamura golpeó el extremo de la espada de Tosen, parándole en seco. Envainé mi zanpakuto. Con el capitán Komamura ahí, sabía que no tendría sentido intervenir pues, teniendo en cuenta la complicidad que existía entre el capitán Tosen y el capitán Komamura, esa pelea se acabaría convirtiendo en algo personal.
- Voy a acompañarte en esta batalla, enmascarado.- le dijo el capitán Komamura a Shinji sin siquiera volverse.
- ¿Crees que está bien? Ayudarnos cuando no conoces nuestra verdadera naturaleza.- le preguntó Shinji.- Aunque, tampoco es como si yo conociese tu verdadera naturaleza aun.- añadió en un murmullo.
- Cuando luchasteis sin pensároslo contra esa manada de Menos Grande, todas las sospechas sobre vuestra forma o de que bando estabais desaparecieron. He decidido luchar a tu lado, no escucharé ninguna objeción más.- respondió el capitán Komamura de forma contundente.
- No me gusta esta conversación. Yo no estoy hecho para estas cosas.- murmuró Shinji dejando pasar el tema.
- ¿Te refieres a discutir o a que alguien te salve el culo?- le pregunté con ironía.- Porque aun me duele la colleja de antes.
Shinji se volvió hacia mí con el ceño fruncido y se quedó mirándome fijamente durante unos minutos para luego acercarse a mí y ponerme la mano sobre la cabeza.
- ¿De verdad eres Juri-chan?- preguntó extrañado torciendo la cabeza.
- ¿Por qué te sorprendes tanto?- le pregunté.- Desde pequeña siempre quise ser shinigami y…
- No es por eso, es que… has crecido.
- Han pasado cien años. Suele pasar.- respondí encogiéndome de hombros.
- Pero… Has crecido en muchos sentidos.- dijo mientras con las manos hacia el gesto de tocar unos pechos imaginarios que, obviamente no tenía.
Fruncí el ceño al entender que era lo que estaba diciéndome y, sin pensarlo mucho, le di un capón, tal y como él había hecho antes conmigo.
- ¡Auch! ¡Eso duele!- se quejó por el golpe.
- No te quejes tanto. Tú antes me diste a mi.
- Pero no tan fuerte.- siguió quejándose mientras se frotaba la nuca.
- Entonces deja de decir guarradas.
- Pero si no es una guarrada. Es solo que…
- Niisan, deja de mirarme las tetas o te daré aun más fuerte que antes.
La amenaza pareció amedrentarle porque, de inmediato, volvió la vista hacia otro lado.
Me giré repentinamente hacia donde estaban Tosen y el capitán Komamura al escuchar un sonido similar al chirrido del metal y el ruido de cadenas al chocar. Pude ver como Kazeshini se enroscaba alrededor de la zanpakuto de Tosen. Di un paso al frente, guiada más por un impulso que por cualquier otra cosa. Shuuhei no estaba en mejor estado que yo y no estaba segura de que estuviese en condiciones de luchar, sobre todo con alguien que, en su momento, fue un capitán del Gotei 13. Aun así, no debía intervenir. Igual que cuando apareció el capitán Komamura. Lo que pasase a continuación entre ellos tres, para bien o para mal, era algo que solo les concernía a ellos. Yo no debía intervenir por más que mi cuerpo quisiera hacer lo contrario. Tenía que confiar en ellos, confiar en que Shuuhei saldría adelante de ese enfrentamiento, aun cuando cada parte de mi cuerpo quisiese apartarlo de allí, pero eso no sería justo, ni honorable y… resultaba tan difícil contenerse.
- Parece que, en estos cien años, encontraste a alguien importante para ti.
Me volví hacia Shinji que me miraba fijamente y con seriedad.
- He visto como miras a ese chico y, puede que haga cien años que no te veas, pero aun sigues siendo demasiado transparente.- me dijo Shinji, haciendo que me sonrojara.
Antes de que pudiese decir o hacer nada, Shinji se abalanzó sobre mí, tirándome al suelo. No entendí el porqué de su reacción hasta que vi que, a la altura de donde estaba antes, había una larga hoja de espada. Me giré hacia el dueño de la susodicha encontrándome con Ichimaru y esa eterna sonrisa que tenía en su rostro sin importar que pasase.
- Vaya vaya, parece que fallé.- dijo con fingida inocencia, como si en vez de haber estado a punto de atravesar a alguien, hubiera sido un niño que había fallado en algún tipo de juego.- Tendría la bondad de no moverse tan rápido, ex capitán de la quinta división. Resulta fastidio tener que desviar a Shinsou cuando ya ha crecido.
Un sonido metálico se fue acercando a nosotros a toda velocidad y, cuando miramos por encima de nuestros hombros, vimos como la hoja de Shinsou había hecho una curva y se dirigía a nosotros a toda velocidad. Shinji y yo saltamos hacia atrás, esquivando el ataque por los pelos… literalmente. Creo que logró cortarme algunos pelos del flequillo.
Ichimaru hizo que Shinsou volviese a tomar su forma original. Shinji y yo desenvainamos nuestras respectivas zanpakutos e Ichimaru simplemente sonrió.
- ¿Qué significa esto? ¿Dos contra uno?- su sonrisa se hizo aun más evidente y, por un momento, abrió los ojos. No recordaba que fueran de un azul tan claro. Parecía ese color blanco azulado que tiene el hielo de los glaciales, aunque no fui capaz de saber si fue eso o la expresión de su rostro en general lo que hizo que un escalofrío me recorriese la espalda de arriba abajo.- Vaya, esto será muy interesante.
Enciclopedia Shinigami
Juri mira fijamente la espada de Ichimaru, la cual acaba de recuperar su tamaño original. Ichimaru acaba por darse cuenta de la mirada fija de Juri y se gira hacia ella frunciendo el ceño.
ICHIMARU: ¿Qué pasa, Juri-chan?
JURI: Estaba pensando… ¿La única habilidad de Shinsou es estirarse y encogerse? Vale que también pueda girar mientras se estira y todo eso, pero no creo que sea nada del otro mundo.
ICHIMARU [con cara de enfado pero sin dejar de sonreír]: Ikorose Shinsou.
Con sorprendente habilidad, Ichimaru hace atraviesa el cuello del kimono de Juri, llevándosela por delante mientras Shinsou se sigue estirando a toda velocidad y le hace incluso atravesar un árbol. Al volver a encogerse, Juri se da cuenta de que lo hace acompañada de varias frutas que la espada ha atravesado al pasar por el árbol.
ICHIMARU [cogiendo una fruta de la zanpakuto]: ¿Lo ves? Shinsou también es muy útil para esto.
JURI [aun colgando de la zanpakuto de Ichimaru]: ¡¡DEJAME EN EL SUELO DE UNA VEZ!! ¡¡MALDITO ZORRO!!
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Nuevo capítulo, pero sigo avisando que los siguientes se retrasarán. Mi musa anda de vacaciones y pasa de mi un poco.
Juri se ha pasado un buen rato inconsciente desde que Allon la dejó KO hasta que volvió en si. Se ha perdido un par de peleas, pero así es la vida. No puede ser perfecta la chavala... o eso intento.
El "Shiro-chan" del sueño de Juri es el conejito que acaba de encontrar, no tiene nada que ver con el capitán Hitsugaya.
Respecto al sueño, es solo una pista más del hecho de que Aizen tuvo algo que ver en la muerte de los padres de Juri. El porque no lo se exactamente aun, pero ya veremos que se me ocurre ^^U
Para el que lo haya olvidado, Juri fue acogida por Shinji cuando sus padres murieron y ella le llamaba Shinji-niisan. Es obvio que, pese al tiempo, no ha perdido esa costumbre. Además, al vivir en el Gotei 13 desde aquella época, creo que es normal que al menos conozca las caras de los demás vizards. Por cierto, el hombre del que habla Hisagi, el que dice que le salvo la vida hace 100 años, es obviamente Kensei.
Pues eso es todo por ahora. Espero poder volver a postear pronto
No olvideis comentar ^.~
Etiquetas: Aizen Sousuke, Bleach, fanfic, Hisagi Shuuhei, other character, Tsuki no Maboroshi, Tsukihime Juri





