jueves 14 de julio de 2011
Tsuki no Maboroshi @ 18:20
Aliado Inesperado
Me desperté repentinamente con un golpe de tos que me hizo escupir sangre. Seguí tosiendo por un rato más, incapaz de volver a respirar con normalidad mientras alguien me frotaba la espalda y me decía una y otra vez que me tranquilizara y que intentará respirar con normalidad. De buena gana hubiese seguido ese consejo de no ser porque aun sentía la sangre subir por mi garganta. Escupí sangre un par de veces más mientras seguía escuchando entre mis golpes de tos la voz de alguien hablando preocupado, pero no pude distinguir bien la voz hasta que la tos se calmó.
- Tranquilo, subcapitán Hisagi. La herida perforó un pulmón y es normal que aun tenga sangre y esta es la mejor manera de expulsarlos.
Volví la vista hacia un lado para encontrarme a la capitana Unohana junto con Shuuhei. Estábamos cubiertos por una especie de resplandor verde, como una cúpula o algo parecido. Shuuhei tenía el pecho y el abdomen cubierto de vendas y me miraba preocupado. La capitana Unohana estaba de pie junto a él y parecía estar bastante ocupada.
- ¿Qué ha pasado?- pregunté con la voz ronca a causa de la tos.
- Subcapitán Hisagi, le recomiendo que siga con el kidoh curativo durante un rato más, si se encuentra en condiciones para ello.- le dijo la capitana Unohana amablemente pero ignorando por completo mí pregunta.- Debo atender a otros heridos.
La capitana Unohana se alejó de nosotros y la cúpula verde que nos cubría empezó a retirarse hasta dejarnos a Shuuhei y a mí al descubierto. Logré incorporarme lo justo solo para ver que la cúpula cubría a los que se encontraban en peor estado los cuales eran la mayoría de nosotros. Incluso podía identificar al comandante Yamamoto y a la gran mayoría de los capitanes entre ellos. Aquello no era una buena señal. Volví la vista hacia el otro lado. Allí tirados en el suelo estaban Urahara-san y Yoruishi-san y no muy lejos de allí, un shinigami al que no había visto en mi vida y que llevaba lo que parecía un haori atado al hombro se apoyaba sobre el hombro de Kurosaki, pero ni rastro de Aizen ni de Ichimaru.
Me volví hacia Shuuhei, que parecía más concentrado en mi herida que en cualquier otra cosa.
- ¿Qué ha pasado?- le pregunté con la poca voz que me salió, haciendo que Shuuhei me mirase sorprendido.
- ¿Te encuentras bien?- me preguntó el ignorando por completo mi pregunta.
- Me duele un poco el pecho.- le dije intentando incorporarme.- Pero sobreviviré.
- Y si lo haces es por pura suerte.- me dijo Shuuhei muy seriamente, casi enfadado.- Si no te hubiera cogido al vuelo… Si Unohana no hubiese estado aquí…
- Pero estoy aquí.- le dije intentando restarle importancia.
- ¡Te atravesó con su zanpakuto! ¡Casi te mata! ¿¡Tienes la más mínima idea de lo que yo…!? ¿¡En qué coño estabas pensando para enfrentarte a Aizen tu sola!?
- Tú dijiste una vez que yo era la única con posibilidades de plantarle cara.- me quejé enfadada.
- Nunca dije que fueses la única.- gritó enfadado.- Pensé que tendrías el suficiente sentido común como para, al menos, pelear junto con un capitán en vez de hacer… lo que has hecho.
- ¿Y crees que para mí esto es fácil? En tu primer combate me sentí muy tentada de intervenir y partearte el culo por tardar tanto el liberar tu shikai, pero no lo hice porque confié en ti.- dije enfadada, intentando apartar de mi mente el hecho de que era la primera vez que me peleaba con Shuuhei.
- Eso es diferente. Yo no estaba luchando con Aizen.
- No, estabas siendo un gilipollas al esconder tu zanpakuto y permitir que te dejase tan malherido.
- ¿Y tú no has hecho lo mismo al enfrentarte a Aizen? Yo al menos sabía que lo derrotaría usando el shikai. Tú no tenías esa certeza con Aizen. Nadie la tiene.
Entonces caí en la cuenta de algo. Nunca había visto a Shuuhei enfadado. Intenté recordar alguna vez. Hasta ahora, había visto muchas facetas de él. Lo había visto frustrado, tierno, exasperado, apasionado, triste, feliz… Lo había visto esforzarse al máximo por dar lo mejor de si. Lo había visto decepcionado, avergonzado. Lo había visto comportarse con seriedad y también le había visto una faceta divertida que rara vez dejaba ver, pero nunca, jamás lo vi enfadado.
No, no estaba enfadado. Al menos no del todo. Había algo más en su voz que el enfado que dejaba ver. Algo que se forzaba en esconderme ¿Estaba asustado? ¿Tenía miedo de que yo hubiese muerto?
Bajé la vista. No podía culparle por sentir eso cuando yo había sentido exactamente lo mismo por él.
- Shuuhei. Los dos sabíamos que esto iba a pasar.- le dije más calmada.
- Juri…
- No.- le interrumpí antes de que pudiera decir nada.- Yo… Yo también estaba preocupada por ti. Sin importar que tuvieses un rival más fuerte o débil. Estaba asustada, pero ese miedo es algo con lo que debemos aprender a convivir. Somos shinigamis y en cada batalla ponemos en juego nuestras vidas. Esta no es la excepción.
- Eso lo sé.- respondió él.- Pero Aizen es distinto. Ahora tiene más poder del que nadie hubiese imaginado.
- ¿Ahora?- pregunté extrañada.
No respondió. Antes de que ninguno de los dos pudiese decir nada, sentimos como una puerta Senkai se habría. Volví la vista hacia donde se estaba abriendo la puerta. Eran Kurosaki y ese misterioso shinigami.
- ¿A dónde van?- pregunté extrañada al verlos cruzar el portal.
- Aizen se dirigía hacia la autentica ciudad de Karakura.- me dijo Shuuhei.- Supongo que iran tras él.
Me incorporé de golpe, lo que hizo que me tambalease por un segundo, pero, en cuanto recuperé el equilibrio, corrí tras ellos… o eso hubiese hecho de no haberme detenido Shuuhei.
- ¿A dónde crees que vas?- me preguntó, sujetándome firmemente por la muñeca para evitar que me marchase.
- Tengo que acompañarles. Soy la única capaz de ver a través de las ilusiones de Kyoka Suigetsu. Si Ichigo acabase viendo la liberación, necesitará mi ayuda.
- No te dejaré ir sola.- respondió con firmeza.
- ¿Es que no lo entiendes? Necesitan mi ayuda. Tengo que ir.
- Entonces iré contigo.
No podía permitirle acompañarme. Él no estaba en mejores condiciones que yo pero, aun así, se mostraba determinado a acompañarme sin importar nada. Supongo que la cabezonería puede convertirse en una costumbre copiada. No sé si él de mi o yo de él, pero quedaba claro que éramos igual de cabezotas. Solo que ahora le tocaba ceder a él igual que yo lo hice antes.
- Shuuhei, vi como el capitán Komamura y tú os enfrentasteis a Tosen. Casi me muero cuando vi como te atravesaba con su espada, pero no intervine. Me mantuve al margen pese a que sentí una y otra vez la imperiosa necesidad de intervenir, porque sabía que esa era una pelea en la que yo no pintaba nada. Y ahora es exactamente lo mismo.- le dije, omitiendo que el principal motivo por el que no lo hice fue porque los efectos de Sakenade me habían mareado demasiado.
- No Juri.- respondió Shuuhei con seriedad.- Lo que pasa con Aizen es cosa de todos.
- ¿Y por qué con Tosen era diferente?- le pregunté con frustración, casi enfadada.
Shuuhei se calló, mirándome fijamente mientras buscaba una respuesta en su cabeza.
- ¿Por qué te enfrentaste a él?- le pregunté con seriedad.
- Tosen no era solo mi capitán.- me dijo bajando la vista casi apesadumbrado.- Era mi ejemplo a seguir. Su sentido de la justicia, yo… Lo admiraba.
- ¿Y si yo me hubiera interpuesto entre tú y Tosen? ¿Y si hubiese hecho todo lo que estuviese en mi mano por protegerte e, incluso, sacarte de esa pelea?
- Sabes que no te lo hubiese permitido.- respondió Shuuhei con seriedad.
- ¿Y por qué no me permites hacer lo mismo?
- Porque Aizen no es Tosen.
- Tosen logró un poder aun mayor al de un vizard.
- Tosen no tenía la Hogyoku incrustada en el pecho ni esta le hacía evolucionar cada poco a un nivel superior del anterior. Aizen sí.
- ¿¡Qué!?
- Tal como has oído. Parece que Aizen conocía el poder de la Hogyoku mejor que su propio creador.
- ¿Por qué lo dices? ¿Qué dijo Aizen sobre la Hogyoku?- le pregunté entre sorprendida y preocupada.
- No sé. Dijo algo sobre cumplir los deseos de quienes le rodea o algo parecido. No le presté mucha atención, la verdad.- dijo mirándome fijamente con cierto tono de reproche.- Estaba más preocupado por cierta shinigami que se habría muerto si la capitana Unohana no hubiese intervenido.
- Eso no importa ahora.- le dije dándome media vuelta dispuesta a ir tras Aizen, pero Shuuhei me detuvo, sujetándome por la muñeca.
- ¡No pienso dejarte ir!
- ¡Pues impídemelo!- le grité sin pensar.
Me siguió mirando fijamente, igual que yo a él, sujetándome firmemente por la muñeca. No estaba dispuesto a ceder, pero yo tampoco y esperaba que se cansara de sujetarme cuanto antes para poder marcharme cuanto antes, pero antes de que ninguno de los dos cediese, una mano se posó sobre el brazo de Shuuhei, haciendo que me soltase por puro reflejo.
- Déjala ir.
Los dos nos volvimos automáticamente hacia el dueño de esa mano y esa voz, sorprendidos al descubrir que se trataba de Urahara.
- ¿Pero, Urahara-san…?- antes de que Shuuhei pudiese decir nada, Urahara volvió hacia mí.
- Ten cuidado con lo que haces.
Asentí y me giré para abrir un portal Senkai y echar a correr a su interior sin atreverme a mirar tras de mí y, mientras lo rezaba y corría tan rápido como podía solo podía pensar. La primera era si llegaría a tiempo y la segunda… era más bien una esperanza, la esperanza de poder derrotar a Aizen.
Cuando llegué a donde se encontraba la ciudad de Karakura, pude sentir perfectamente el reiatsu de Aizen, el cual era aun mayor que la última vez. Por un instante no pude evitar preguntarse si realmente podría tener alguna debilidad. A priori, no me vino ninguna a la mente.
***
- …Te pregunté por qué has venido aquí con ese cuerpo tembloroso.
Ichimaru seguía sonriendo, como si la presencia de Matsumoto no le afectase en lo más mínimo, mostrando solo una máscara de frialdad e indiferencia que se había forzado a aprender a usar.
Matsumoto, por su parte, aun se veía agotada. No se había repuesto por completo del ataque de Allon pero había ignorado esto último con tal de encontrarse con Ichimaru y decirle lo que llevaba tanto tiempo queriendo contarle.
- ¿No es obvio?- dijo ella.- Porque tú estás aquí.- aquella declaración solo borró la sonrisa del rostro de Ichimaru, pero no mostró ninguna otra reacción.- Finalmente te preguntaré ¿Por qué estás trabajando para Aizen? ¿Por qué traicionaste a Kira a pesar de que él creía tanto en ti?
- ¿De verdad me preguntas eso?- dijo él volviendo a sonreír con frialdad.- “Creí en él, pero me traicionó.” En serio, ¿Izuru es quien ha dicho eso?
Ante aquellas palabras, Matsumoto solo pudo mostrarse sorprendida y dolida, incapaz de decir nada más, incapaz de reaccionar. Ichimaru se limitó a suspirar con resignación mientras se acercaba a ella.
- En serio, ¿Por qué tenías que venir?- le preguntó acercándose a ella hasta que apenas unos centímetros les separaban.- ¿Sabes Rangiku? Me estorbas.
Y rápidamente se deshizo de ella.
Enfundó su zanpakuto y miró por encima de su hombro. Por un instante, uno muy pequeño, sintió la presencia de alguien más tras de si, pero allí no había nadie.
***
Agarré con fuerza a Kitsunebi.
Nada más llegar a la ciudad, liberé el shikai. Con Aizen nada era seguro y quería estar preparada para cualquier sorpresa, pero allí no había nada fuera de lo común… obviando el hecho de que ahora Aizen tenía más de un metro de largo de melena y sus ojos habían cambiado de color, como si se invirtieran, ahora el blanco de los ojos era negro y su iris, en cambio, era blanco… Y el pequeño e insignificante detalle de que la Hogyoku estuviese incrustada en su pecho le hacía escalofriante.
- Que agradable sorpresa, Juri.- me dijo arrastrando las palabras con suavidad.- Pensé que estarías agonizando entre los brazos de tu amado, pero veo que sigues viva.
- Digamos que soy difícil de matar.- le respondí intentando mantener la calma. Shuuhei tenía razón, su reiatsu se había incrementado más desde la última vez.
- Lo sé. Por eso te elegí para ser mi reina.- dijo el sonriendo.
- ¿Y en qué momento decidiste que sería una buena idea intentar matar a “tu reina”?
- Cuando me di cuenta de que no vendrías a mi lado. Por desgracia, soy egoísta y no me gusta compartir lo que es mío.
- Yo nunca fui tuya.- respondí con firmeza.
- Por ahora. Aún sigo pensando que, tal vez, sea buena idea mantenerte a mi lado. Puede que no funcionase con Kyoka Suigetsu, pero no creo que puedas resistirte a mi bankai.
Retrocedí un paso instintivamente. Nunca había visto a Aizen usar su bankai y, sinceramente, esperaba que eso no cambiase. Por suerte, o eso quise creer, Ichimaru apareció justo en ese momento tras Aizen.
- He regresado, Aizen-taichou.
- Regresado ¿Eh?- dijo Aizen sin apenas girarse hacia él.- ¿Qué ha pasado con la chica?
- La he matado.- respondió Ichimaru como si no hubiese hecho nada del otro mundo, como si lo que hubiese matado fuese solo una mosca.
Aizen apartó la vista un instante, intentando buscar el reiatsu de Matsumoto, pero no encontró nada.
- En efecto.- dijo él.- Su reiatsu ha desaparecido.- luego volvió la vista hacia Ichimaru, el cual le mostraba la misma sonrisa de siempre.- Estoy sorprendido. Pensé que sentías algo por ella.
- ¿Emociones? No, no tengo nada de eso.- le dijo acercándose a él.- Te lo dije cuando nos conocimos, ¿recuerdas? “Soy una serpiente, con la piel fría y sin emociones, que serpentea buscando a su presa con la lengua, tragándose todo lo que vea sabroso.” ¿No fue eso lo que le dije, Aizen-taichou?
- Ciertamente, como una serpiente.- dijo Aizen volviéndose a mí.- Pero aun me falta la princesa.
Antes de que ninguno pudiese decir nada, Aizen se colocó frente a mi usando el shunpo más rápido que hubiese visto y me agarró con fuerza del cuello, levantándome un palmo del suelo.
- ¿Qué crees que deba hacer con ella, Gin?- preguntó con un tono casual.- Sería un desperdicio matarla. Tal vez debería hacer algo para… convencerla.
- Antes… me cortaría las venas… que pasar… el resto de mi vida… a menos de cinco metros… de ti.- le dije con dificultad, pues me apretaba con suficiente fuerza como para asfixiarme.
- Sea pues.
Y alzo su zanpakuto para cumplir su amenaza, pero antes de poder hacerlo, la hoja de una espada nos atravesó a los dos a la altura del pecho. Aizen miró a Ichimaru por encima de su hombro, pero él seguía sin moverse de su sitio y la hoja de la espada venía en dirección contraria a donde se encontraba, o eso fue lo que pensó.
- Disculpeme, Aizen-taichou, pero llevaba más de cien años esperando poder hacer esto.
La voz de Ichimaru vino de un sitio distinto al esperado para Aizen. No detrás suya, si no detrás mia, sin embargo, allí no se veía a nadie, solo la hoja de la que parecía ser la zanpakuto de Gin: Shinsou.
- ¿¡Qué significa esto!?- preguntó.
- ¿Qué significa?- dije yo, repitiendo su pregunta mientras le miraba fijamente, como si no me doliese el hecho de que aun me tuviese sujeta por el cuello o que me hubiese atravesado una espada.- Te responderé con otra pregunta. ¿Qué se siente…?
Entonces, mi cuerpo se convirtió en llamas, haciendo que el brazo de Aizen se quemase. Pero no solo mi cuerpo, sino también el de Ichimaru también. Los cuerpos de ambos fueron sustituidos por grandes lenguas de fuego. Aizen pareció entender lo que eso significaba y dirigió la vista hacia el lugar del que venía Shinsou, el cual mostró por primera vez una pared de fuego que se desvaneció, dejando ver que éramos Ichimaru y yo los que estábamos al otro lado.
- ¿…Al caer en tu propia trampa?- le acabé de preguntar con cierta satisfacción mientras hacía desaparecer las llamas que había creado mi bankai.
Ichimaru hizo que Shinsou volviese a su tamaño normal y Aizen cayó de rodillas al suelo con la mano sobre la herida del pecho, la cual no dejaba de sangrar.
- Creo que se acabó el juego, Aizen-taichou.
Enciclopedia Shinigami
Lyra y Yuma siguen en los cuarteles de la sexta cuando, de repente, notan la presencia de Aizen e Ichimaru en la Sociedad de Almas y dirigiéndose hacia la autentica ciudad de Karakura.
YUMA [dirigiéndose a la puerta]: Hay que avisar a los demás escuadrones y dirigirse a la ciudad.
Yuma no recibe ninguna respuesta de Lyra y se vuelve hacia ella… que está frente a un espejo mirándose el pelo.
YUMA: ¿Qué haces?
LYRA: Aizen acaba de llegar, seguramente los demás vengan tras él y puede que Renji sea uno de los que venga.
YUMA: En serio Lyra, haz algo con tus hormonas antes de que tengamos algún problema.
Justo en ese momento se siente como otra presencia llega a la Sociedad de Almas, la cual se trata de Matsumoto. Yuma se pone rojo automáticamente.
YUMA [acercándose al espejo]: ¿Crees que tengo bien el pelo?
LYRA: ¿¡Y ahora quien es el de las hormonas revueltas!?
_________________________________
Capi nuevo para deleite del personal y un aviso: Empieza la cuenta atras. Tengo intención de que, antes de que termine el verano, el fic quede finalmente terminado.
Este capi no creo que tenga mucho que comentar. El principio del fic no me convence, pero no logré nada mejor. Respecto a la conversación entre Matsumoto y Gin, está integramente sacada del manga (al igual que algunas otras frases de más adelante entre Gin y Aizen) y no está metida ahi por capricho, pero ya lo entendereis en el próximo capí.
Pues nada, eso es todo.
No olvideis dejar un comentario ^^
Etiquetas: Aizen Sousuke, Bleach, fanfic, Hisagi Shuuhei, other character, Tsuki no Maboroshi, Tsukihime Juri





