jueves 20 de octubre de 2011
Tsuki no Maboroshi @ 19:46
La Voluntad de la Hogyoku
- Es hora de despertar, princesa.
El susurro de esa voz, por más dulce que fuese, me hizo encogerme aun más en la cama y cubrirme con la sábana. El bebé había cogido la mala costumbre de dar patadas justo mientras dormía… o mejor dicho, justo cuando intentaba dormir. Así que me pasaban las noches sin apenas pegar ojo.
Y yo que había pensado que las náuseas matutinas eran malas.
- Acabo de dormirme.- me quejé acurrucada entre las sábanas.
- ¿Otra vez has pasado mala noche?- no respondí, pero mi silencio fue todo lo que necesito para obtener una respuesta.- Te dije que podías despertarme si algo que pasaba. Después de todo, soy el padre de ese bebé y si puedo ayudarte…
- El bebé seguiría moviéndose igualmente estés o no despierto.- le dije asomando la cabeza por entre las sabanas.- Pensé que estaría bien que uno de los dos descansara.
- Ahora tengo una reunión de capitanes.- me dijo mientras cogía su haori y se lo ponía.- No creo que lleve más de una hora, pero en cuanto termine, hablaré con la capitana Unohana para que te examine. Descansa mientras si quieres.
- No creo que pueda.- le dije mientras me levantaba con toda la resignación del mundo.- Yo también tengo una reunión de subcapitanes.
- Si te encuentras mal, puedo decirle a Hinamori que se encargue.
- Sousuke, acordamos que, hasta que no naciera el bebé, seguiría cumpliendo con mi trabajo como subcapitana salvo misiones de combate. Así que será mejor que me vista para poder llegar a tiempo a la reunión.
- Cuando acabe la reunión, ven a buscarme a la cuarta división.- me dijo y me dio un beso en la frente antes de salir.
Pobre Sousuke. Durante el segundo trimestre del embarazo había tenido mis hormonas campando a sus anchas por todo el cuerpo y podía pasar del llanto a la risa en cuestión de segundo. Me había sentido en ocasiones tan tentada de pegarle si se atrevía a tocarme como en otras me había sentado tentada de golpearle si no lo hacía justo como yo quería y cuando yo quería y él, en ningún momento se había quejado. Ahora que estaba en el tercer trimestre de mi embarazo, me daba cuenta de como de insoportable había estado durante los últimos meses y me sentía tentada a compensarle tanto como pudiese pero, en el fondo, no podía evitar alegrarme de que aun siguiera preocupándose por mi y mimándome como lo hacía aunque me hubiese convertido en una pelota.
Finalmente salí de la cama y me vestí tan rápido como pude y me dirigí a la reunión de subcapitanes, pero algo raro pasó. De camino a allí, me pareció ver a alguien a lo lejos. No estaba segura de si era un hombre o una mujer, pero llevaba un sencillo kimono blanco y el pelo negro azabache y largo, recogido en una cola baja.
Ignoré aquella presencia y seguí mi camino hasta la sala de reuniones. La reunión fue corta. Apenas duró media hora y, en cuanto acabamos, me acerqué a la subcapitana Kotetsu para que me acompañase hasta su división, donde Sousuke y la capitana Unohana me estarían esperando. Íbamos a salir de la sala de reunión cuando un escalofrío me recorrió la espalda, justo al mismo tiempo en el que el bebé dio una patada. Me detuve en seco sintiendo mis piernas fallar, a lo que la subcapitana Kotetsu se apresuró a sujetarme, pero alguien se le adelanto. Fue extraño sentir sus brazos rodeándome, pues nunca antes lo había hecho, pero, por alguna razón, su contacto se me hacía tremendamente familiar.
- ¿Estas bien, Aizen?
No lo entendía. Todo en él, su voz, su tacto… todo era demasiado familiar para el poco trato que había tenido con él.
- Tranquilo Hisagi.- le dije sonriendo, intentando aparentar normalidad.- Es solo que el bebé está juguetón.
Entonces volví la vista a la puerta y vi de nuevo a la misma persona de kimono blanco. Me miró con tristeza y luego pasó de largo. Me incorporé entre los brazos de Hisagi y me asomé fuera de la habitación, pero allí no había nada.
De nuevo las fuerzas me fallaron y, de nuevo, Hisagi fue quien me cogió en brazos.
- ¿Seguro que te encuentras bien, Aizen?- me preguntó la subcapitana Kotetsu preocupada.
- ¿No lo habéis visto?- le pregunté a ella y Hisagi.- Había un hombre de blanco junto a la puerta.
- ¿Has estado durmiendo bien en esto últimos días?- me preguntó preocupada la subcapitana Kotetsu y yo simplemente negué.- Voy a adelantarme a los cuarteles de la cuarta. Subcapitán Hisagi, acompaña a la subcapitana Aizen hasta el hospital.
Aquello me dejó todo un camino hasta el hospital a solas con Hisagi cargándome en brazos por más que le insistía en que no había problema y podía caminar yo sola. También pude comprobar como una extraña añoranza me embargaba por el camino, algo parecido a lo que sentía antes de lograr declararme a Sousuke, pero había algo distinto en eso, algo que lo hacía más fuerte. No tenía sentido. Yo amaba a mi marido y pronto seríamos padres ¿Por qué sentía esto solo por tener a Hisagi tan cerca?
- ¿Puedes parar un momento?- le dije finalmente antes de llegar al hospital, tras permanecer todo el camino en silencio.
- ¿Te ocurre algo, Aizen?
- Déjame en el suelo, por favor.
- Pero…
- Solo será un momento.- le interrumpí antes de que pudiese replicar.
Me dejó en el suelo y yo di un par de pasos, alejándome de él, pero me detuve al ver de nuevo a aquel ser de blanco mirándonos a los dos, para luego desaparecer en la nada.
- No lo entiendo ¿Qué está pasando?- dije más para mi que para nadie más.
- ¿Qué te ocurre, Aizen?- no respondí. No me salían las palabras. Ni si quiera sabía que responder.- ¿Aizen?- seguí sin decir nada, mirando al horizonte.- Juri.
Y de repente, como si fuera una llave abriendo una cerradura, miles de imágenes vinieron a mi cabeza, imágenes de una vida que no era esta, pero que era mía. De nuevo sentí un escalofrío recorrer mi espalda y este fue seguido por una lágrima.
- Shuuhei, tengo frío.
Y recorrió los pocos pasos que nos separaban para abrazarme con fuerza.
- Esto no debería ser así.- dije sin poder evitar llorar.
- Quédate conmigo, por favor.- me susurró al oido sin dejar de abrazarme.
Me giré sin que él me soltara, para poder mirarle a la cara y le acaricié la cicatriz que le atravesaba la mejilla derecha.
- Siempre he estado contigo. Ahora solo queda que esto acabé.
Volvió a abrazarme con fuerza y yo hice lo mismo, pasando los brazos sobre sus hombros. Luego miré por encima de su hombro, y vi que allí estaba alguien, la misma persona que había visto antes, vestida de blanco, mirándome con un deje de tristeza.
- ¿Quién eres?- le pregunté sin soltar en ningún momento a Hisagi.
- Esa no es la pregunta correcta, princesa.- dijo con una suave voz que no parecía ni de un hombre ni de una mujer.
- ¿Qué eres?
En ese momento, todo desapareció a mi alrededor, salvo la presencia de aquel ser. Volvía a llevar mi uniforme de shinigami y la enorme tripa de embarazada había desaparecido. Solo quedábamos él y yo y un espacio infinito vacío de todo.
- Soy la Hogyoku.
- ¿Qué significaba todo eso?
- Un deseo que no se cumplió.
Le miré extrañada, sin entender nada de lo que decía, así que continuó hablando.
- Solo fui creada con un único objetivo: hacer los deseos realidad. Eso que viste, era el último deseo de Aizen Sousuke.- me dijo con calma.
- No.- dije rápidamente y con el ceño fruncido.- Ese no era el deseo de Aizen. Lo que él buscaba era convertirse en algo superior a un shinigami. Solo buscaba poder.
- Eso es cierto, pero lo otro también.- siguió hablando calmadamente.- Hay muchas cosas que no sabes, princesa. Yo ya existía mucho antes de que a Urahara Kisuke se le ocurriese crearme. Yo solo puse esa idea en su mente para tomar una forma física, pero mi origen se lo debo a otro.
- ¿A quien?
- Al Rey Espiritual.- intenté buscar las palabras adecuadas para formular algunas de las preguntas que se me agolpaban en la cabeza, pero estaba totalmente bloqueada.- Hace miles de años, surgió una profecía que decía que un descendiente del Rey Espiritual llegaría, tomaría a una princesa por consorte, y regiría sobre la Sociedad de Almas, cambiando el rumbo de esta. El Rey Espiritual supo enseguida que había dos caminos que la profecía podía tomar y que necesitaría de mí para que esta se cumpliera.
- ¿Dos caminos?
- Había dos descendientes sobre los que se podría cumplir la profecía. Uno era Aizen Sousuke. El otro era Kurosaki Ichigo.
Aquella respuesta si que fue inesperada. Ahora entendía todo lo que Urahara me dijo antes, pero descubrir que tanto Kurosaki como Aizen eran descendientes del Rey Espiritual era… raro.
- ¿Pero porque ellos dos precisamente?- le pregunté con curiosidad.- Seguramente el Rey Espiritual tenga más descendencia…
- Pero solo ellos dos eligieron a una princesa de consorte.- me dijo interrumpiéndome.
- ¿Una princesa?- pregunté extrañada.- Ninguno de los dos tiene pareja hasta donde yo sé.
- Pero ya habían elegido. Kurosaki Ichigo tenía a Inoue Orihime y Aizen Sousuke te tenía a ti, Tsukihime Juri.- ahora entendía porque me llamaba princesa, aun así, no pude evitar sorprenderme ante aquella declaración y él se percató de eso.- ¿Acaso crees que la obsesión de Aizen por ti tenía otra razón de ser? Aizen Sousuke conocía la profecía y deseaba que se cumpliera sobre él, por eso protegió tu vida tras matar a tus padres. Por eso te mantuvo junto a él durante tantos años, porque deseaba el poder que la profecía le concedería, pero, aun así, a su extraña manera, él te amaba. Después de todo, ese fue su último deseo.
- ¿Su último deseo?
- Tú misma lo has vivido. En su fuero interior y aunque se lo negase a si mismo, lo que Aizen Sousuke más deseaba era una vida normal junto a ti y eso es lo que busqué darle, aunque fuese por unos minutos. Pese a sus ansias de poder, odiaba lo que la profecía le había llevado a ser, pero sus ansias de poder arrinconaron ese odio a un rincón muy pequeño de su corazón, haciendo lo posible porque el mismo olvidase lo que realmente deseaba.
Aquella confesión fue toda una revelación. Nunca hubiera imaginado a un Aizen como el que vi en aquella visión. Aunque solo fueron unos minutos, pude sentir todo el amor y el cariño que me profesaba y pude ver algo que nunca vi es sus ojos: era feliz. Nunca imaginé que eso pudiese ser algo que él realmente desease.
- ¿Qué pasará ahora?- le pregunté finalmente.
De repente, el escenario cambió y ahora teníamos frente a nosotros dos cuerpos tirados en el suelo. Ambos inconscientes. Ambos sin poderes. Aizen había recuperado su aspecto habitual. Volvía a tener el pelo corto. Sus ropas estaban desgarradas y su pecho, en el cual no quedaba rastro de la Hogyoku, tenía un tajo que lo atravesaba de un lado a otro. Por su parte, Ichigo también había recuperado su aspecto normal y, al igual que Aizen, tenía la ropa desgarrada, pero ninguna herida, o al menos, ninguna visible.
- Los dos eligieron este camino sabiendo lo que significaba, pero ha sido Kurosaki Ichigo quien se ha impuesto en esta lucha.- dijo acercándose a él para luego arrodillarse a su lado y acariciarle la mejilla.- Será él quien cumpla la profecía para bien o para mal y, tal como deseó el Rey Espiritual cuando me concibió, yo le daré todo mi poder.
Entonces, la imagen humana de la Hogyoku, empezó a unirse con Kurosaki, permitiendo así que su poder quedase restaurado. Cuando todo acabó, me acerqué rápidamente a Kurosaki, para comprobar si se encontraba bien. Por lo pronto, su respiración parecía normal, lo cual era un punto a su favor, pero aun seguía inconsciente.
- No te preocupes, Tsukihime-san.- dijo una voz a mi espalda que rápidamente reconocí como la de Urahara.- Kurosaki ha pasado por una experiencia extenuante. Si permanece inconsciente aun, es únicamente a causa del agotamiento.
Miré por encima de mi hombro y vi como Urahara e Ichimaru se acercaban hasta donde estaba yo con Kurosaki.
- Se acabó, ¿verdad?
Urahara estuvo a punto de responderme cuando nos percatamos de la mirada sorprendida de Ichamaru, la cual se dirigía hacia el lugar en donde se suponía que se encontraba Aizen.
- Aun no.
Me volví para encontrarme con Aizen incorporándose con cierta dificultad, llevándose la mano a la herida del pecho. A estas alturas era difícil imaginar que fuese capaz de ponerse en pie.
- No importa que hagas, Aizen.- le dijo Urahara.- Perdiste tus poderes y eso solo hizo que esta guerra llegase a su fin.
- No Urahara.- dijo mientras cogía su espada y se apoyaba en ella para levantarse.- No mientras pueda.- por puro reflejo, desenfundé mi espada apuntando hacia él, aun sabiendo que, sin poderes, Aizen era totalmente inofensivo.
- Déjalo Aizen.- le dije.- Se acabó. Ya prácticamente no te queda reiatsu.
Sonrió, haciendo caso omiso de mis palabras, agarró con fuerza la empuñadura de su espada mientras se llevaba la otra mano a la herida y se acercaba a nosotros con cierta dificultad pero una clara determinación.
- ¿Por qué no dejas esto de una vez?- le pregunté cuando finalmente lo tuve frente a mi.
- Porque me niego a ser derrotado por un mísero humano.
Alzó su espada contra mi, pero detuve su ataque con facilidad. El siguió atacándome con insistencia mientras yo detenía sus golpes fácilmente. La desaparición de sus poderes era obvia y, junto con su débil estado, resultaba un oponente muy fácil de abatir, aun así, seguí plantándole cara, evitando sus ataques fácilmente y lanzando los míos con el único objetivo de cansarle y hacerle abandonar.
- Para esto, Aizen.- le dije esquivando otro golpe más.- Esta lucha no nos llevará a nada.
Lo siguiente que pasó fue… supongo que extraño es la palabra más indicada. Mi último ataque debía de haber sido fácil de esquivar, pero él no lo logró, o tal vez no quiso hacerlo y, antes de que me diese cuenta, había atravesado a Aizen con mi espada.
El silencio que se hizo fue tan profundo que, cuando Aizen dejó caer su propia espada, el sonido de esta al golpear el suelo fue como un gon resonando en todo el lugar. Aizen me miraba fijamente, clavando su mirada en la mía mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro y un hilillo de sangre le empezaba a resbalar por la comisura de la boca.
Iba a soltar la empuñadura y a retrodecer, más por puro reflejo que por cualquier otra cosa, pero antes de poder hacer nada, Aizen me sujetó las manos alrededor de mi zanpakuto con una fuerza sorprendente para un moribundo.
- Mírame. No soy una ilusión.- dijo y su voz sonó extrañamente rasposa y entrecortada y, a la vez, sorprendentemente calmada.- Esta vez no.
- Esto no tenía que acabar así.
- No. Yo debí ocupar mi trono… y tú deberías… haber ocupado tu lugar a la derecha de este.
- No Aizen.- le respondí con firmeza.- Tu debías ser derrotado, pero no tenías porque morir.
- Ya te lo dije. No seré derrotado por un humano.- fruncí el ceño ante aquella frase y él sonrió.- Nadie, humano, shinigami o hollow… Ni un arrancar ni un vizard. Ningún ser me mataría. Solo tú.
- ¿Por qué yo?- le pregunté sin entender nada.
- Por tú… tú eres la princesa… que elegí.
Su cuerpo se tambaleó hacia delante, haciendo que la hoja de mi zanpakuto de clavase más profundamente en su pecho, pero ya no importaba pues, cuando solté mi espada y se dejó caer sobre mi, haciendo que yo también cayese de rodillas al suelo, él ya estaba muerto.
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Penúltimo capítulo de Tsuki no Maboroshi. Tengo que decir que, de hecho, ya tengo escrito el último capi y me ha costado la vida terminarlo, sobretodo porque lo he reescrito tres veces por quedarme exageradamente largo (20 páginas del word cuando la media la tengo en 7 u 8 ^^U) pero lo publicaré tan pronto como me sea posible lo tendreis aquí.
Este capi no es gran cosa, lo admito. La parte de la historia alternativa que la Hogyoku le muestra a Juri no me ha quedado como tenía en mente. Quería que se mostrase la relación entre Juri y Aizen y como este estaba sumamente enamorado de ella, pero sentí que me quedaba demasiado pasteloso y edulcorado, por eso lo reduje tanto.
Respecto a la profecía... No sé, supongo que necesitaba una razón para que Aizen hubiese estado tan obsesionado con Juri y de tanto releerme "Las crónicas de Belgarath" y "Las crónicas de Mayorea" me salió esta idea. Puede ser un poco rebuscada, pero para mi no deja de ser una posibilidad bastante digna.
Sobre matar a Aizen, eso lo tenía claro desde el minuto 1. Solo necesitaba el como y las circustancias me llevaron a esto.
Y esto es todo por ahora. Espero que os guste.
KISSES!!!
Etiquetas: Aizen Sousuke, Bleach, fanfic, other character, Tsuki no Maboroshi, Tsukihime Juri





