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jueves 27 de octubre de 2011
Tsuki no Maboroshi @ 17:55

Siguiendo Adelante


Había pasado un mes desde que todo acabase. Todos los participantes en la batalla habíamos sido evacuados a la Sociedad de Almas y los heridos más graves habían sido llevados al hospital que había en los cuarteles de la cuarta división. Casi todos habíamos salido bastante bien parados teniendo en cuenta las circunstancias. Yo misma no estuve en el hospital más de cuatro días, pero no todo era maravilloso ahora.
Hiyori se encontraba en coma y era muy posible que, si lograba salir de esta, se viera obligada a usar una silla de ruedas. El capitán Ukitake, para sorpresa de muchos, parecía seguir adelante, no sin cierta dificultad y el Comandante Yamamoto había acabado perdiendo su brazo izquierdo, aunque seguía mostrándose bastante saludable. Sin embargo, nada se había podido hacer por la subcapitana Hinamori, lo cual conllevó un estado de depresión para el capitán Hitsugaya. Matsumoto se había encargado de sacar adelanta al décimo escuadrón con sorprendente eficacia teniendo en cuenta sus antecedentes mientras el capitán Hitsugaya a penas salía de su habitación. El subcapitán Kira y el subcapitán Abarai también llevaban mal la muerte de su compañera, pero se habían sobrepuesto a esto mientras que el capitán Hitsugaya aun permanecía en estado de shock y no parecía reaccionar a casi nada. Finalmente, Matsumoto me pidió ayuda con el capitán Hitsugaya, pues yo había estado allí cuando Hinamori había muerto. Intenté negarme, porque ni si quiera sabía que podía hacer. De hecho, habían recurrido a la capitana Unohana, pero ella no había logrado nada. Aun así, Matsumoto podía llegar a ser muy insistente por lo que al final accedí a ayudarla, aunque no sabía ni si quiera como hacerlo.

- ¿Capitán? Podría salir.

Silencio. Ni un solo ruido en el interior. Eso era, hasta cierto punto, preocupante. Si no fuera porque Matsumoto forzaba la cerradura por las noches, cuando supuestamente el capitán Hitsugaya dormía, para dejarle algo de comida y comprobar que estaba bien, o al menos físicamente, cualquiera pensaría que o se había escapado o estaba muerto, pero según Matsumoto, él seguía allí y se negaba a salir.

- Capitán.- le llamó Matsumoto.- Abra por favor. Hace casi un mes que sigue encerrado en su habitación. Esto no puede seguir así.

Ninguna respuesta al otro lado, así que Matsumoto siguió insistiendo.

- Capitán, si no sale ¿Quién se ocupará del papeleo?
- Muy persuasiva.- le susurré con un tono irónico que ella decidió obviar.
- Por favor capitán.- le suplicó Matsumoto.- Tiene que superar esto. Lo que le pasó a Hinamori no fue culpa suya.

Silencio al otro lado de la puerta. Matsumoto y yo intercambiamos una mirada de resignación viendo que el capitán Hitsugaya no parecía querer reaccionar a nada.

- ¿Crees que deberíamos tirar la puerta abajo?- me preguntó Matsumoto a lo que decidí ignorar su comentario… por ahora.
- Capitán Hitsugaya. Debería dejar de torturarse. Usted no tuvo la culpa de lo que le pasó a Hinamori. El único culpable de eso, es Aizen.- No pasó nada, solo hubo más silencio y, como último recurso, dije algo que no le había dicho a nadie aun.- Capitán Hitsugaya, si hay alguien culpable de la muerte de Hinamori, a parte de Aizen, esa soy yo.- Matsumoto me miró sorprendida y extrañada por aquella confesión, pero yo decidí concentrarme en el ruido que había oído al otro lado de la puerta, como el arrastrar de una silla sobre el suelo. Supuse que el capitán Hitsugaya acababa de levantarse.- Usted no tenía ni idea de lo que sucedía realmente cuando Aizen se intercambió con la subcapitana Hinamori, yo sí. No sé si se ha enterado ya, capitán, pero mi zanpakuto me permite ver a través de cualquier ilusión. Supe que todo aquello era una ilusión y aun así... podría haber hecho algo más que quedarme parada viendo lo que ocurría. Si realmente hay un culpable, esa debo ser yo.

Pasos acercándose a la puerta, el ruido de una cerradura al abrirse y, finalmente, la puerta abriéndose. El capitán Hitsugaya tenía peor aspecto del que esperaba. Tenía el pelo completamente revuelto y ojeras muy marcadas, además parecía un poco más delgado e incluso aspecto de estar enfermo. Cuando me miró, su mirada parecía más profunda pero, a la vez, más vacía.

- Tú no empuñabas la espada que la mató.- me dijo con seriedad.
- No, pero eso no cambia nada.- le dije yo.- En realidad, usted no tiene más culpa que la espada con la que un asesino mata a su victima. Capitán, usted hizo lo que creyó oportuno porque era su deber y porque es lo que hubiese hecho cualquier otro en su lugar ¿Realmente cree que Hinamori le culparía por su muerte?
- Debería.- respondió cabizbajo.- Debería odiarme.
- No capitán.- le dijo Matsumoto arrodillándose junto a él.- Ella no le odiaría. Lo único que Hinamori querría es que fuese feliz.
- ¿Cómo puedes estar tan segura?- le preguntó el capitán Hitsugaya.
- Porque es lo que yo sentiría en su lugar.- le respondió Matsumoto con una sonrisa.

El rostro del capitán Hitsugaya pasó del asombro a una sorprendente tristeza y, de repente, dejó de ser el capitán de la décima división para solo ser un niño pequeño que sufría mucho. Rompió a llorar y, rápidamente, Matsumoto le abrazó en un gesto maternal. Yo me marché de allí, dejándolos solos y, no pude evitar pensar que ambos estaban en una sensación parecida, aunque Matsumoto había tenido más suerte al final. El capitán Hitsugaya había perdido a la subcapitana Hinamori y Matsumoto a Ichimaru, solo que Ichimaru seguía vivo.
Con la derrota de Aizen y la guerra finalizada, de cara al público, Ichimaru sería el único superviviente del bando enemigo. Sin importar que todo lo hubiese hecho para derrotar a Aizen, el que, para ello, hubiese transgredido varias normas, no había duda que sería condenado por la Cámara de los 46. Él parecía dispuesto a aceptar su condena, pero, después de comprender todo lo que había tenido que hacer por derrotar a Aizen, por proteger a Matsumoto, me parecía cruel que tuviese que ser condenado por ello, así que fuimos Urahara y yo quienes le instamos a que huyese antes de que viniese algún capitán que pudiera impedírselo. Costó convencerlo, pero finalmente huyó y, la verdad, parece que nadie de los trece escuadrones está demasiado preocupado por encontrarlo, sobretodo después de enterarse de los motivos que le llevaron a actuar como lo hizo. No podía decir lo mismo de la nueva Cámara de los 46, que parecía empeñada en hacer justicia a toda costa.

Salí del Seireitei hacia una pequeña tienda de flores a las afueras del distrito 15 del Rukongai oeste. Compré un par de ramos de flores para luego dirigirme a una pequeña cima desde la que se veía el Seireitei al completo. Era allí donde habían sido enterrados mis padres. Dejé un ramo en cada tumba y me quedé en silencio, sin saber muy bien que decir ahora que todo había terminado.

- Aizen los mató.- dije al sentir unos pasos acercándose.- Ya lo había hecho antes, usar algunos hollow para encubrir lo que hacía. Cuando Ichimaru me contó lo que le sucedió a Matsumoto, supe que había sido lo mismo que ocurrió con mis padres… solo que Matsumoto tuvo más suerte que yo.
- Matsumoto-san estaba destinada a convertirse en shinigami.- me dijo Shinji.- Eso fue lo único que le salvó.
- Mi padre también podría haber sido shinigami. Él tenía su propia zanpakuto, pero no entró en la academia para no abandonar a mi madre.
- Lo sé.- respondió mientras yo reprimía las lágrimas mirando fijamente la espada oxidada que había junto a la tumba de mi padre.- Aizen llegó a ser demasiado ambicioso respecto a ti.
- Mató a mis padres. Casi te mata a ti. Quería destruir todo lo que había a mi alrededor para tenerme solo para él.- le dije sin poder reprimir las lágrimas por más tiempo.- Intentó llevarme consigo mintiéndome, volviéndome loca, por la fuerza. Intentó matarme…
- Pero no lo logró.
- Porque para él valía más viva que muerta.- respondí volviéndome hacia Shinji por primera vez.- Todo por esa puta profecía. Porque estaba obsesionado con el poder.
- Yo también conocía la profecía.- me contó Shinji.- Sabía que Shizuka era descendiente del Rey Espiritual y que, por tanto, su hijo sería un posible candidato a cumplir la profecía, pero había algo oscuro alrededor de su embarazo. No se que fue, pero algo dentro de Sousuke iba mal, algo que nos arrastró hasta este final. Me pregunto si la propia profecía fue la que nos trajo hasta aquí.
- No te entiendo.
- Llevo preguntándomelo desde que me enteré que el padre de Ichigo era el capitán de la división cero.
- ¿Que tiene que ver eso con la profecía?- le pregunté sin entender nada.
- Siempre, el capitán de la división cero ha sido un descendiente del rey espiritual. Incluso es posible que él y Shizuka fuesen hermanos.
- ¿Insinúas que Aizen y Kurosaki podrían ser primos?- le pregunté extrañada mientras intentaba imaginarme la situación… No, no podía. Era demasiado rara.
- Eso no importa.- dijo Shinji.- Lo importante es que, si Sousuke no hubiese hecho nada por buscar poder, por hacerse con el control de la profecía, Ichigo seguiría siendo un humano normal y corriente y la profecía no se cumpliría. Tal vez fue la propia profecía la que corrompió a Aizen para que Ichigo cumpliera con su deber.
- ¿Y para eso tenía que morir tanta gente?
- En todas las guerras hay bajas, Juri. No hay nada que se pueda hacer para evitarlo.
- ¿Cómo está Hiyori?- le pregunté ya más calmada.
- Mal. Cada vez dudo más que pueda salir adelante. De hecho, dado su estado, puede que sea incluso una crueldad que sobreviviera para vivir encadenada a una silla de ruedas. Se que Ichimaru hizo todo lo que hizo por acabar con Aizen, pero debió controlarse en ese sentido.- dijo con el ceño fruncido.- Y pese a todo lo que hizo al final… No sé si pueda llegar a perdonarle.
- Yo, después de hablar con Ichimaru sobre su plan, me sentí muy tentada a reventarle la cara a puñetazos.- le comenté con sinceridad.- No solo por lo de Hiyori, si no por todo. Había visto a Matsumoto tan mal tras su supuesta traición y el subcapitán Kira estaba completamente hundido. Solo quería golpearle como si fuese un tambor… pero eso no solucionaba nada. Además, tenía que admitir que, pese a lo peligroso que era, su plan era el mejor que había escuchado hasta el momento. No podía echarle en cara que lo sacrificase todo por acabar con Aizen. Sacrificar incluso tu orgullo de shinigami para proteger a una persona… tal vez, si yo hubiese estado en su lugar, habría hecho lo mismo.
- Tal vez tenga razón pero, aun así… No sé si llegará el día en que pueda perdonarlo.

Seguí mirando hacia ningún lugar en concreto con Shinji a mi lado. Finalmente resoplo bajando la vista.

- Fuiste demasiado compasiva.- me dijo de repente y yo me volví hacia él sin entender lo que decías.- No se merecía ni si quiera un misero funeral.- Añadió señalando a la vasija de cenizas que tenía entre las manos.
- Yo… ni si quiera tenía pensado hacerlo. Después de todo lo que ha hecho tal vez no lo merezca.- respondí con honestidad.- Pero no me parecía correcto dejar su cuerpo tirado por ahí a espera de que los carroñeros dieran cuenta de él y… Cuando Kurosaki lo derrotó y liberó el poder de la Hogyoku… No se lo he contado a nadie y el único que lo sabe es Ichimaru porque también se vio influenciado por su poder.
- ¿De qué hablas?- me preguntó extrañado.
- Vi otra vida. Una vida en la que la profecía no existía. Una en la que yo respondía al nombre de Aizen Juri.- Sentí la mirada de Shinji clavarse sobre mi fijamente pero yo decidí fingir normalidad.- Era feliz, se que lo era… que los dos éramos felices y se que él era un buen hombre que solo se preocupaba por el bienestar de su familia y… La Hogyoku me dijo que, lo que vi, era lo que Aizen más deseaba, por encima incluso de sus ansias de poder. Tal vez tengas razón, Shinji-niisan.- le dije volviéndome a él.- Tal vez la profecía corrompió a Sousuke para que pudiese cumplirse en Kurosaki, pero... Tal vez, si no hubiese existido la profecía…
- Obviamente Sousuke no hubiese hecho todo lo que hizo.- dijo Shinji terminando mi frase.
- Solo por eso, pensé que debía hacer esto por él.

Abrí la vasija y la volqué, dejando que las cenizas se alejasen de allí arrastradas por el viento.

- No crees que es un poco irónico.- me dijo Shinji de repente.
- ¿A qué te refieres?
- A esparcir aquí las cenizas de Sousuke. No creo que le hiciese gracia compartir este sitio con tus padres.
- No iban a ser todo facilidades.- le respondí con una sonrisa irónica.- Puede que le haya concedido un funeral digno, pero prefiero pensar que, al hacer esto, le obligo a pasar la eternidad disculpándose con mis padres, le guste a él o no.
- ¿Sabes que puedes llegar a ser un poco retorcida?
- Después de tantos años conviviendo con él, es normal que algo se me pegase de su forma de ser.
- Mientras solo sea eso, no me preocuparé demasiado.

Volví al cabo de un rato al Seireitei. Shinji decidió quedarse allí un poco más antes de volver. Él y los demás vizard volverían pronto al mundo humano, una vez se hubiesen recuperado de sus heridas. Hiyori, en cambio, permanecería aquí hasta que despertase, si es que finalmente lograba hacerlo.
Mientras volvía a mi división, me crucé por el camino con el capitán Ukitake.

- ¿Qué hace por aquí, capitán Ukitake?
- Te estaba buscando, Juri.- me respondió sonriente.
- ¿No debería estar guardando reposo? La capitana Unohana se enfadará si se entera que no está siguiendo sus recomendaciones.
- Entonces guárdame el secreto.- me dijo haciendo una mueca de desagrado. Supuse que acababa de imaginarse a la subcapitana Unohana enfadada.
- ¿Qué es lo que quería?
- El Comandante Yamamoto me envió a buscarte. Quiere hablar contigo.
- ¿Sobre qué?- le pregunté extrañada.
- Creo que será más divertido si lo descubres por ti misma.- me dijo sonriendo, a lo que yo fruncí el ceño sin saber que opinar sobre eso.- Vamonos. El comandante Yamamoto podría impacientarse si nos seguimos retrasando.

Asentí y ambos nos dirigimos hacia hasta los cuarteles de la primera división. Allí estaban presentes todos los capitanes de las trece divisiones salvos por los puestos vacantes. El capitán Ukitake se colocó a un lado junto a los demás capitanes y yo me quedé paralizada junto a la puerta.

- Tsukihime Juri.- me llamó el capitán comandante.- Según los informes recogido sobre la batalla de Karakura, he sabido que has logrado alcanzar el bankai de tu zanpakuto ¿Es eso cierto?
- Así es, capitán comandante.- respondí respetuosamente.
- ¿Desde cuando eres capaz de usar el bankai con toda su capacidad?
- Alcancé el bankai un mes antes del incidente ocurrido este verano en el Seireitei, pero no fui capaz de controlarlo en su totalidad hasta hace dos meses.- respondí con sinceridad sin entender el porqué de esta pregunta.
- ¿Podrías hacernos una demostración?

Parpadeé extrañada ¿Querían analizar mi bankai? ¿Acaso sabían el poder que este tenía y no se fiaban de que pudiera acabar traicionándoles igual que Aizen? Eso era absurdo, sin embargo, accedí a su pedido y desenfundé mi zanpakuto, liberando su bankai.

- Tsukihime Juri, ¿Cuál es el poder de tu bankai?- me siguió interrogando el capitán comandante y yo seguí respondiendo extrañada ante aquel interrogatorio.
- Utiliza el fuego como canal para crear ilusiones, pero sin importar lo que la gente vea, al final solo es fuego, así que podría hacer que la ilusión quemase a alguien. Por otro lado, mientras empuñe mi zanpakuto, soy capaz de ver a través de cualquier tipo de ilusión.
- Jushiro, ¿Podrías darnos tu informe?- le dijo el capitán Yamamoto a lo que él se volvió a sus compañeros para hablar.
- Su habilidad en combate es muy buena y, gracias a su zanpakuto, se maneja bastante bien en ataques de larga distancia. Su nivel de shunpo es envidiable y es obvio que controla su bankai aceptablemente bien. Su nivel de kidoh, por otra parte, es algo deficiente.

Fruncí el ceño ante aquella afirmación ¿Algo deficiente? Eso era una forma muy suave de decir que mi nivel de kidoh era una mierda y que, por más que entrenase, a penas mejoraba. Pero lo que más me desconcertaba era todo aquel análisis. No entendía a cuento de que tenían que hacérmelo.

- Aun así, es obvio lo fuerte que se ha vuelto.- siguió diciendo el capitán Ukitake.- Logró plantar cara a Aizen casi en igualdad de condiciones e incluso logró engañarlo momentáneamente con una de sus ilusiones. En mi opinión, Tsukihime Juri está capacitada para obtener el rango de capitán.
- ¿¡Qué!?

Qué de repente se haga el silencio en una reunión de capitanes, con el capitán comandante presidiéndola, y que todos los presentes claven su mirada sobre ti, es cuanto menos inquietante… o eso me hubiese parecido de no haberme encontrado demasiado noqueada por la revelación que acababa de hacer el capitán Ukitake.
Nunca había pensado en capitanear una división. Ni si quiera se me pasó por la cabeza la idea. Es decir, ¿capitana? ¿En serio? Desde que puedo recordar yo solo entrenaba para no estar indefensa ante nada y para evitar que algo como lo que le pasó a mis padres nunca se volviera a repetir. Luego pasó lo de Aizen y… yo solo quería derrotarle. Quería…
¿Qué es lo que quiero? Nunca me pregunté eso. No a largo plazo. Nunca me había planteado la idea de ser capitana. Nunca pensé en la posibilidad de tantos puestos de capitanía bacantes y menos aun en ocupar uno de ello, pero ¿debía aceptar la oferta? Sabía llevar una división, o al menos eso suponía. Me había hecho cargo de la quinta división en calidad de subcapitana cuando la guerra acabo y también cuando Aizen se marchó y Hinamori estuvo convaleciente. Había realizado actividades propias de un capitán sin demasiados problemas. Yo ya realizaba las funciones de capitana, ¿Qué más da si se hace oficial? Simplemente me limitaría hacer lo que había hecho hasta ahora y hacerlo tan bien como fuese capaz.
El Comandante Yamamoto alzó una ceja y me miró fijamente.

- Tsukihime Juri, el capitán de la decimotercera división, Ukitake Jushiro, el capitán de la décima, Hitsugaya Toshiro, el capitán de la octava, Kyoraku Shunsui, el capitán de la séptima, Komamura Sanji y la capitana de la cuarta división, Unohana Retsu, te han recomendado para ascender al rango de capitán y el capitán de la sexta, Kuchiki Byakuya, la capitana de la segunda división, Soifon y yo mismo, Genryūsai Shigekuni Yamamoto, capitán de la primera división y comandante del Gotei 13, aceptamos dicha recomendación. Por tanto, Tsukihime Juri ¿Estás dispuesta a aceptar el puesto de capitana de la novena división?
- ¿La novena?
- La quinta división está especializada en kidoh, Juri.- me dijo esta vez el capitán Ukitake.- No te ofendas, pero no eres muy buena en ese campo y sería conveniente que el capitán de la quinta fuese un maestro de kidoh. Sin embargo, tus habilidades te convierten en alguien perfecta para ocupar el puesto de capitana de la novena división.
- ¿Y bien, Tsukihime Juri?- insistió el comandante Yamamoto.- ¿Aceptas tu puesto como subcapitana?

Mientras recogía mi cuarto, me tope con el espejo que me había regalado Aizen. Desde que regresé, me había planteado el deshacerme de él en varias ocasiones, pero nunca llegaba a hacerlo. Aquel espejo me recordaba el lado bueno de Aizen, al que realmente me gustó conocer aunque solo hubiese sido una fachada. A veces pensaba en el como en dos personas diferentes, como si el que nos hubiese traicionado fuese una persona distinta de con la que me crié. Ese era el único motivo por el que me aferraba a él. Guardé el espejo junto con las demás cosas y me acosté, pero a penas logré dormir un par de horas.
A primera hora de la mañana, Tezuma Subaru, que tras mi ascenso a subcapitana se había convertido en el tercero al mando de la división, se presentó ante mi a primera hora de la mañana.

- ¿Se marcha ya?- me preguntó al verme salir de mi habitación.
- Había quedado con Shuuh… con el subcapitán Hisagi temprano y, de todas maneras, a penas he dormido. Estaba demasiado nerviosa para hacerlo.
- Tranquilícese, Juri-san. Todo irá bien.

¿Todo irá bien?
Sí ¿Por qué no iba a ir bien? Claro que todo iría bien. Después de todo, era lo mejor que podía pasar.
Cogí la insignia de subcapitán y la miré durante un instante. Esa insignia había pertenecido a tanta gente que, de una manera u otra, ya no estaban aquí: Aizen, Ichimaru, Hinamori y ahora yo, pero a penas si sentía que me perteneciese pese a lo mucho que Aizen desease que fuese mía. Finalmente se la ofrecí a Subaru. Este me miró extrañado y yo le sonreí.

- Ayer hablé con los subcapitanes.- le dije mientras se la entregaba.- Todos estuvieron de acuerdo en que te ocupases de la división como subcapitán de esta. Seguro que se te da bien. Tienes mejores dotes en kidoh que yo.
- Muchas gracias… Tsukihime-taichou.- dijo finalmente haciendo una reverencia formal.
- No hace falta que me llames así.- le dije un poco avergonzada. El título aun se me hacía grande para mi.- No seré oficialmente capitana hasta que no me traslade y ni si quiera me he puesto el haori.
- Pero pronto lo será.
- Sí, pronto.

Salí de los cuarteles de la quinta división después de despedirme de los que en estos últimos años habían sido mis compañeros y, una vez salí, me puse el haori blanco representativo de los capitanes. Cuando llegué a los cuarteles de mi nueva división, solo una persona me esperaba allí, lo que no era de extrañar, ya que todos los miembros de la división estarían esperándome en la sala de recepción, como era costumbre, como igualmente era costumbre que el subcapitán de la división recibiese al nuevo capitán. Sonreí al verle hacer aquella reverencia tan formal.

- Bienvenida a la novena división, Capitana Tsukihime.- dijo Shuuhei con firmeza.
- Me siento honrada de poder formar parte de esta división y espero estar a la altura de las expectativas.- le dije una vez se volvió a incorporar.- Haré todo lo que esté en mi mano por el bien de la división.
- Lo sé.- me dijo, esta vez hablando con más informalidad.- Por eso le pedí al capitán Ukitake que te recomendase para el puesto, aunque luego me dijo que lo hizo antes de que yo se lo pidiese.- me comentó tendiéndome la mano.- Okaerinasae.

Sonreí mientras le tomaba de la mano, dando un paso hacia dentro del interior del edificio y sonreí.

- Tadaima.



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Y por fin, para todos ustedes, el ÚLTIMO capítulo de Tsuki no Maboroshi. Se acabó definitivamente la serie tras dos años estrujandome los sesos. La saga queda cerrada con opción de un posible epílogo y algun que otro extra, pero ya podeis considerar este el fin de la serie.
Me costó mucho escribir este capítulo. El principio fue horrible, porque Hitsugaya es uno de mis personajes favoritos y casi me parecía una crueldad hundirlo tanto como lo he hecho, pero, después de todo, el era muy buen amigo de Hinamori y no creo que se tomase con calma el que su amiga muriese y, menos aun, que fuese por su propia mano.
Respecto a la charla de Shinji y Juri, realmente creo que necesitaba algo así, que sirviese también para aclarar cosas que parecían quedar en el aire... como las cenizas de Aizen XD
Tengo que admitir que acabe cogiendole cierto cariño a Aizen mientras escribía este fic y, cuando murio, pense en las multiples posibilidades que surgían sobre que ocurre con su cuerpo. Obviamente, como dice Juri, no pensaba dejarlo tirado en algún sitio a espera de que los carroñeros tomaran buena cuenta de él y enterrarlo en una fosa común tampoco me parecía justo pese a lo cabrón que es él susodicho, finalmente me decante por lo visto en el fic.
Por último os comento dos
escenas eliminadas porque hacían el fic jodidamente largo:

-
La primera escena transcurre antes de que Juri se encuentre con el capitán Ukitake. Hisagi va a buscar a Juri después de todo un mes sin verla y se la lleva al bosque en el que se conocieron y se declararon. Este le dice que se siente frustrado, pues ahora que ella también ostenta el rango de subcapitana, a penas pueden verse y decide que solo hay una solución para eso. Juri teme que quiera romper con ella, pero para su sorprensa, Hisagi le propone matrimonio. Antes de obtener una respuesta, aparece Ukitake, disculpandose por la interrupción, pero le ruega a Juri que la acompañe. Esta se marcha con el capitán prometiendole a Hisagi que le dará una respuesta cuando regrese.
La escena fue eliminada porque, a parte de ser muy larga, era empalagosa y me parecía que sobraba. No me terminó de convencer así que la borré. Después de todo, mi idea principal en este fic era destacar la relación de Aizen y Juri por encima de la que tiene esta con Hisagi (pese a lo mucho que Juri y yo misma amemos a este último) y no vi conveniente semejante declaración.

- Mientras Juri recoge sus cosas para su traslado a la 9º división, lo que queda de Kyoka Suigetsu empieza a brillar hasta que se forma la figura de Aizen. Juri se asusta pero este le dice que no se preocupe, que solo es una proyección momentanea y que es el último deseo que la Hogyoku le concedió. Juri se muestra recelosa mientras que Aizen se muestra tal y como lo hacia antes de su traicion y en la visión que la Hogyoku le mostró. Esté le dice que solo quería disculparse con ella ahora que estaba libre de la influencia de la profecía y que, pese a todo, su único deseo era cuidar de ella y estar siempre a su lado. Tras una larga conversación en la que Aizen no deja de mostrarse arrepentido por lo sucedido, Juri le dice que nunca podrá olvidar todo el daño que hizo, pero que también es consciente de que fue a causa de la profecía que todo ocurrió y que, tal vez, con el tiempo, pueda llegar a perdonarle. Aizen se muestra agradecido y desaparece de allí, dejando a Juri sola con Kyoka Suigetsu convertida en una simple espada.
Eliminé esta escena a última hora porque no me convencía. Era como darle una oportunidad a Aizen para redimirse, culpando a la profecía de sus actos y eso no era lo que buscaba. Me gustaba el hecho de que Aizen pudiera tener una última charla con Juri, pero, como acabo de decir, sonaba a redención y creo que Aizen era un cabrón con independencia de lo que buscase conseguir la profecía. Por otro lado, usé a Kyoka Suigetsu para que pudiese aparecerse, luego pensé que demonios haría Juri guardando su espada y como no le veía sentido, finalmente eliminé toda la escena.


Por último, un detalle del final del capítulo. Lo que Hisagi le dice a Juri: "Okaerinasae", significa "Bienvenida". y la respuesta de Juri: "Tadaima" sería "Ya llegué" o "Ya estoy en casa".

En fin, espero que hayais disfrutado del fic y no dudeis en dejar comentarios.

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